Olas de calor y pobreza energética

Cuando hablamos de pobreza energética, es común pensar en familias que no pueden calentar su hogar en invierno. Sin embargo, ahora que comienza una nueva ola de calor, la enésima de la presente estación cálida, y considerando que cada año los días con temperaturas por encima de los valores medios se incrementan, no podemos olvidar que en España, el verano se ha convertido en una época de especial vulnerabilidad. Y lo será cada vez dentro del proceso de cambio climático acelerado que estamos experimentando.

Un informe de Greenpeace de este mismo mes de julio de 2026 revela que una de cada tres familias en España no puede mantener una temperatura adecuada en su vivienda durante los meses de calor, una cifra que prácticamente duplica a la de quienes sufren este problema en invierno.

ventilador, imagen decorativa, Foto de George Chandrinos en Unsplash

Una de cada tres familias en España no puede mantener una temperatura adecuada en su vivienda durante el verano, casi el doble que las que sufren esta situación en invierno.

Un problema que tiene que ver con las temperaturas cada vez más extremas y durante más días y la baja calidad arquitectónica de las viviendas.

Uno de los indicadores de las situaciones de pobreza energética es la incapacidad de mantener la vivienda a una temperatura interior adecuada y saludable, espacialmente cuando las temperaturas exteriores son extremas. No se trata solo de una cuestión de confort, sino de un grave problema de salud: las temperaturas extremas puede ser mortales, especialmente para personas mayores, niños y quienes padecen enfermedades crónicas. Y es en verano cuando las temperaturas son cada vez más extremas.

La magnitud del problema es alarmante. Según la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado español (EAPN-ES)4,2 millones de personas en situación de pobreza no pueden mantener su hogar lo suficientemente fresco en verano, lo que representa el 43,1% de la población empobrecida del país. Este fenómeno es especialmente grave en regiones como Murcia, Madrid, Andalucía y Cataluña.

Las causas de esta realidad son múltiples y complejas. El principal factor es la ineficiencia energética del parque de viviendas español. Más de la mitad de las casas se construyeron antes de 1981, sin ningún criterio de aislamiento térmico, lo que las convierte en «acumuladores de calor» en verano, con el calor filtrándose a través de paredes, ventanas y techos mal aislados. De hecho, el 95% de las viviendas en España tienen un aislamiento deficiente.

Cuando las viviendas son tan ineficientes y alcanzan temperaturas tan elevadas, requieren de sistemas de refrigeración para poder ser confortables, pero en los hogares en situación de vulnerabilidad se suma la dificultad económica para adquirir o utilizar sistemas de refrigeración. Mientras que la media nacional de hogares con aire acondicionado ronda el 53%, en los hogares vulnerables esta cifra cae al 19,8% (Greenpeace, 2026). Pero incluso disponer de un aparato de refrigeración no es suficiente: el 51% de las familias vulnerables que lo tienen declaran no poder usarlo todo el tiempo necesario debido al incremento que eso supondría en sus facturas de electricidad.

Otro factor determinante es el régimen de tenencia. Las personas que viven en régimen de alquiler tienen muchas más dificultades para realizar mejoras en la vivienda, instalar un equipo de refrigeración y ya no digamos mejorar el aislamiento o instalar ventanas más eficientes. Según datos de ECODES, el 77% de los hogares en situación de pobreza energética residen en alquiler.

La respuesta requiere un cambio estructural

El problema es estructural y requeriría una respuesta inmediata pero que en el mejor de los casos será en el largo plazo. La solución pasa por abordar la pobreza energética garantizando el derecho a una vivienda digna y sostenible y el acceso a una cantidad de energía suficiente para todos los hogares. Los pasos son lentos pero se dibujan. Por primera vez, la Estrategia Nacional de Pobreza Energética incluirá indicadores específicos para medir y combatir la pobreza energética en verano. Entre las medidas propuestas se encuentran:

Rehabilitación masiva de viviendas

La principal solución pasa por mejorar el aislamiento de los hogares para reducir la demanda energética, tanto de calor como de frío. Se propone priorizar las ayudas a los colectivos vulnerables.

Refuerzo de la protección social

Se plantea ampliar el bono social eléctrico y otras ayudas para garantizar que las familias puedan hacer frente a la factura energética, así como prohibir los cortes de suministro durante las olas de calor.

Creación de "refugios climáticos"

Una red de espacios públicos (bibliotecas, centros cívicos) con aire acondicionado donde la población pueda resguardarse del calor extremo.

Ejemplo de refugio climático en el Círculo de Bellas Artes (Madrid)

Ejemplo de refugio climático en el Círculo de Bellas Artes (Madrid)

Mientras llegan las soluciones estructurales, actuamos hoy

Estas medidas requerirán una implementación de varias décadas y una gran inversión a largo plazo. Sin embargo, desde Socaire apostamos, de manera complementaria, por realizar proyectos en el corto plazo y con un gasto económico mucho menor.

Intervenciones de rehabilitación “exprés” en las viviendas acompañadas de alfabetización energética a través de nuestro proyecto Hogares que merecen ser habitados y apostando por herramientas para garantizar el derecho a la energía desde el proyecto Ventanilla Energética o el impulso de comunidades energéticas inclusivas.

Se dibuja un camino extenso, complejo y lleno de retos. Sin embargo, desde Socaire seguiremos aportando nuestro granito de arena para hacer realidad una transición energética justa, inclusiva y accesible para todas las personas.

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